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14.3.12

Historia del afeitado


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Todo empezó en la prehistoria, cuando el hombre primitivo no era tan barbudo como creemos. Quitarse el pelo de cara parece haber sido un deseo del hombre desde los mas remotos orígenes, y los arqueólogos han encontrado pinturas rupestres que representan hombres con barba y otros sin ella. Ademas, en muchos yacimientos se han encontrado conchas marinas y pedernales afilados que fueron las primeras cuchillas de afeitar.

Mas tarde en las edades de bronce y de hierro los seres humanos pudieron fabricar las primeras y rudimentarias cuchillas, pero fueron los egipcios quienes elevaron la cara bien afeitada a símbolo de categoría social, y en los mausoleos reales se han encontrado las colecciones de navajas de cobre de sus propietarios.

Los Griegos tenían por costumbre afeitarse diariamente, y aunque a los romanos les parecía afeminado el afeitado, en las legiones romanas los soldados se afeitaban con piedra pómez, pues en el combate la barba era un buen agarre para facilitar una puñalada. Con las invasiones barbaras, la barba bien recortada inicia una moda que durará casi toda la edad media.

 La llegada de la edad moderna

La navaja recta fue el instrumento de afeitado durante siglos, que irritaba mucho la piel y provocaba muchos cortes. En el siglo XVIII y XIX se sucedieron una serie de navajas con protección de seguridad, pero que no llegaron a solucionar el problema hasta que un inventor y vendedor ambulante, King Gillette, protagonizó la primera gran revolución del afeitado: la navaja de cuchilla intercambiable. Una hoja de acero pequeña, delgadísima, muy afilada y sobre todo, muy barata. Este fue el gran avance de Gillette, y desde las 50 maquinillas y 168 hojas que puso a la venta en 1903, llegó a los 3,5 millones de maquinillas y 36 millones de hojas que produjo para el ejercito durante la primera guerra mundial.

La guerra propagó su invento por todo el mundo y cuando se retiró en 1951, King Gillette era multimillonario y su invento, universal. Otros inventos que aparecieron, como la afeitadora eléctrica, también encontraron su publico, pero nunca fueron competencia inquietante para su maquinilla, que siguió mejorándose sin cesar en sus diseños y facultades.


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